domingo, 23 de septiembre de 2012

PREVENCION DE LA VIOLENCIA SOCIAL











En 2002 llega a las salas de cine Minority Report, película dirigida por Steven Spielberg, en la 
cual una especie de oráculos son utilizados por 
la policía para ver el futuro y detectar qué delitos 
y quiénes los cometerán para así poder detenerlos antes de que esto suceda. Sin duda, este 
debe ser el sueño de todo estratega en materia 
de prevención, pero en el mundo real, mientras 
no tengamos algo parecido (dudo que lo haya 
algún día), tendremos que implementar políticas 
públicas efectivas, pues no hay mejor estrategia 
de prevención que aquella que hace que la violencia y el delito no sucedan. 
Existen múltiples causas para la violencia y el 
delito como pueden ser la desigualdad econó-
mica, la exclusión social, la tradición cultural, la 
debilidad del Estado de derecho, la falta de una 
buena educación, mala planeación urbana y 
Una aproximación
a la prevención social
de la violencia y el delito
José Lobo Carrillo
crecimiento acelerado de las ciudades, entre 
otras. De igual manera existen diferentes tipos y 
expresiones de violencia. 
En materia de prevención, la clave es detectar los factores de riesgo e intervenir de manera 
temprana en las condicionantes estructurales 
para así poder detener la espiral de violencia y 
delito que se crea y a la cual muchas personas 
entran para salir, la mayoría de las veces, muertas o tras las rejas.
La prevención busca reducir la incidencia delictiva y mejorar la convivencia ciudadana, fortalecer la cohesión social y desarrollar lazos de 
solidaridad y confianza entre la comunidad. 
En el mundo existen muchos casos de estrategias exitosas en materia de prevención tales como 
las realizadas en las ciudades de Bogotá y Medellín, Colombia, Belo Horizonte o últimamente Río 34
de Janeiro, Brasil, con sus Unidades de Policía 
Pacificadora, así como algunas ciudades de Estados Unidos o Canadá. 
No existe una receta para el éxito. El Banco 
Interamericano de Desarrollo (BID), una de las 
instituciones internacionales con mayor experiencia en prevención, tiene dentro de sus “lecciones aprendidas” que en este tema “no existen formulas únicas de intervención en los 
países”.
1
 Esto es lógico pues cada país tiene características y causas distintas de la violencia. 
Incluso, en un país tan grande como México, las 
causas pueden variar en sus distintas regiones. 
No obstante, existen algunos principios básicos que pueden ser aplicados. Algunos de ellos, 
no necesariamente en orden de prioridad, son:
Fuerte liderazgo local
Cuando de estrategias de prevención se trata, 
uno de los factores críticos de éxito es el liderazgo local. En México, la autoridad más cercana al 
ciudadano es la municipal y es fundamental su 
participación y liderazgo. La autoridad municipal 
es la que, la mayoría de las veces, cuenta con 
mejor conocimiento de la ciudad y tiene las herramientas necesarias para éste tipo de intervenciones. Todo lo anterior, bajo el principio de 
subsidiariedad.
1
 “Guías Operativas para el Diseño y Ejecución de Programas en el Área de Seguridad 
y Convivencia Ciudadana”, Banco Interamericano de Desarrollo, Estados Unidos de 
América, 2009.
Participación ciudadana
La participación de la ciudadanía en la toma de 
decisiones dentro de su comunidad también es 
fundamental. La autoridad no puede imponerse cuando va a poner en práctica una estrategia 
en materia de prevención, se tiene que tomar 
en cuenta el sentir de la comunidad si lo que se 
pretende es que ésta se apropie de la misma. 
Organizar talleres comunitarios para acompa-
ñar el diseño de la estrategia, así como permitir 
la participación de ONG u OSC e institucio-  
nes académicas, son maneras de facilitar esa     
participación. 
La comunidad cuenta con la capacidad para 
conocer e identificar sus problemas y en base a 
ello, sugerir alternativas de solución que pueden 
apropiarse y aplicar.
Coordinación
Como en casi toda implementación de política 
pública, es imperativo tener coordinación tanto 
interinstitucional dentro de un mismo nivel, como 
con los otros  poderes y niveles de gobierno, y 
lo mismo con la ciudadanía. Para ello, se requiere un proceso ágil y permanente de comunicación entre las partes involucradas.
Como lo mencioné anteriormente, lo ideal sería que los presidentes municipales encabecen y 
den seguimiento puntual a este tipo de estrategias, incluso designen a alguien directamente de 
su oficina que coordine los esfuerzos al interior 
del municipio (desarrollo social, seguridad pública, obras públicas, etc.) así como con los gobiernos estatal y federal, las universidades, ONG 
y la ciudadanía en general.
Sin coordinación, es probable que la estrategia esté destinada al fracaso o sea muy difícil de 
ejecutar.
Diagnóstico eficaz  y focalización
Para evitar dispersión de recursos, es necesario 
diagnosticar, jerarquizar y focalizar esfuerzos social y territorialmente. Con un buen diagnóstico 
se puede saber en qué zona del municipio debe intervenirse primero (focalización territorial) o a 
José Lobo Carrillo35
qué grupo hay que atender prioritariamente (jó-
venes entre 15 y 30 años en situación vulnerable, mujeres y niños sufriendo violencia intrafamiliar, etc.). Para esto, existen muchas y muy 
buenas herramientas en instituciones como el 
Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la ONU (PNUD, UN-HABITAT) o el Centro Internacional para la Prevención del Crimen 
(Montreal), por mencionar algunos.
Sistema de seguridad y justicia efectivo
Sin duda, contar con un buen sistema de seguridad y de justicia, hace una gran diferencia en 
cuanto a prevención se refiere. Se requieren reformas como la realizada en México (aún en proceso) para pasar de un sistema penal inquisitivo 
a uno acusatorio y contar con mecanismos de 
resolución alternativa de conflictos. 
Además, si los niveles de impunidad son altos, por pura probabilidad y estadística, la tendencia será que haya más delitos y violencia. De 
igual manera, la profesionalización de los cuerpos de policía y la forma en que se estructuren 
es muy importante. Los municipios pueden formar policías de proximidad o comunitarias las 
cuales han demostrado ser efectivas. 
Desarrollo urbano ordenado
Se dice popularmente que “la ocasión hace al 
ladrón” y, en muchos de los casos esto hace 
sentido. La falta de planeación ha dado lugar a 
un crecimiento desordenado de nuestras ciudades. Ciudad Juárez es un buen ejemplo de ello, 
creció muy rápido económicamente gracias a la 
industria de la maquila, pero no se creó al mismo 
tiempo la infraestructura (escuelas, guarderías, 
vivienda, centros de salud, servicios básicos, 
etc.) necesaria para su adecuado desarrollo, y la 
violencia que padece esa ciudad hoy en día, se 
debe en buena medida a ello. 
En contraste, la administración del ex alcalde 
de Medellín, Sergio Fajardo, es un buen ejemplo 
de que las intervenciones urbanas integrales 
pueden prevenir o reducir la incidencia delictiva. 
Fajardo entró a la alcaldía de Medellín con un 
índice de homicidios de 57 por cada 100 mil habitantes en 2004 y lo redujo a 26 por cada 100 
mil en 2007, menos de la mitad. 
Es muy importante revalorar y rescatar el espacio público para la convivencia ciudadana: las 
plazas públicas y los parques de las ciudades 
son lugares democráticos donde confluyen todas 
clases sociales y se fortalece la cohesión social.
Inclusión social
La inclusión social es muy efectiva para la prevención. Al sentirse excluidos y vivir en entornos 
de violencia familiar, muchos jóvenes ingresan 
en pandillas y  comienzan a consumir droga, con 
ello inician su viaje en la espiral del delito. 
Hay que ofrecer a los jóvenes la posibilidad 
de soñar con un proyecto de vida a largo plazo. 
Para ello, se debe contar con un buen sistema 
educativo que promueva valores y cultura de la 
legalidad, así como con oportunidades de desarrollo económico y empleo.
Monitoreo y evaluación
Como toda estrategia o proyecto, para tener 
éxito es necesario contar con un buen sistema 
de monitoreo y evaluación. Desarrollar indicadores tanto de gestión como de impacto, a 
corto, mediano y largo plazo con la finalidad de 
medir si se tiene éxito o si hay que corregir la 
estrategiaEstos son sólo algunos puntos a tomar en 
cuenta si se pretende desarrollar una buena estrategia de prevención social de la violencia y el 
delito.
Como menciona el experto en prevención Irvin Waller “para evitar la delincuencia es mejor 
atender las razones de por qué las personas delinquen, que esperar a que transgredan las leyes 
e intentar corregirlas”.
2
 Sin duda también es mucho más barato. Waller señala que de acuerdo a 
algunos estudios realizados, la inversión en prevención podría dar un retorno de 7 a 1, es decir, 
por cada dólar invertido en prevención podrían 
ahorrarse hasta 7 en cuestiones de seguridad 
2
 Waller, Irvin, “Menos Represión, Más Seguridad”, INACIPE, México, 2007.
como policías, armamento, cárceles, jueces, tribunales, etc., sin mencionar las inversiones que 
no llegan a causa de la inseguridad, así como lo 
que la ciudadanía gasta para sentirse protegida 
(seguros, alarmas, vigilancia privada, etc.). 
Ahora bien, desgraciadamente en nuestro 
país, gobiernos anteriores no pensaron en esto 
y es hoy cuando padecemos altos niveles de 
violencia y delincuencia. Por ello, aplaudo la determinación del actual gobierno federal para, 
además de alentar e implementar estrategias 
en materia de prevención social del delito, dar 
una lucha frontal contra la delincuencia organizada, a la que no hay otra forma de combatir 
más que a través del Estado de derecho y todo 
el peso de la ley. La lucha contra la delincuencia 
y la prevención del delito debe ser de Estado y 
no sólo de gobierno, por ello, es hora de que 
todos los Poderes de la Unión, niveles de gobierno y ciudadanía se sumen a ella. 
Para aquellos que pudieran o quisieran verla, no creo que exista una contradicción entre el 
combate frontal a la delincuencia y la prevención social del delito y la violencia. 
Hace algunos días escuché al ex presidente 
de Colombia, Álvaro Uribe, decir que “la política 
de la autoridad contra los violentos debe ir de la 
mano con la política de cultura y convivencia 
ciudadana” y sin duda, Colombia es un buen 
ejemplo de ello. 
Sería difícil entender la reducción del índice 
de homicidios en Medellín sin las intervenciones del ejército y la policía nacional de Colombia, coordinadas desde el gobierno nacional, 
como la “Operación Orión” en la Comuna 13 de 
esta ciudad en 2002.
La prevención es a futuro pero no se puede 
ignorar el presente, intento ver todo a través del 
enfoque sistémico, por lo que pienso que una 
buena combinación entre políticas de represión 
inteligente o contención del delito y prevención 
social constituyen una política integral de seguridad ciudadana.

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