NANCY G. GUERRA,
EdD
CARLY DIERKHISING, MA
University of Delaware, EE.UU. University
of California at Riverside, EE.UU
Las
comunidades en las que los infantes crecen pueden tener un efecto profundo en
los adultos en que se convertirán. Muchos niños son criados en un ambiente
tranquilo y acogedor con una profusión de recursos. En el otro extremo del
espectro, muchos niños crecen bajo condiciones de adversidad. Esto se traduce
frecuentemente en la ausencia de los recursos básicos que se necesitan para el
desarrollo. Pero la adversidad también puede reflejar la exposición elevada a
los acontecimientos negativos que dan forma a los resultados de vida.
La
exposición a la violencia comunitaria está entre las experiencias más
perjudiciales que pueden vivir los niños, que afectan su forma de pensar,
sentir y actuar. La violencia comunitaria se refiere a la violencia
interpersonal en la comunidad que no es cometida por un miembro de la familia y
que tiene la intención de causar daño. Puede ser un subproducto de distintas
circunstancias, que abarca desde el crimen y violencia en el vecindario, hasta
en los conflictos o guerras civiles continuas. La exposición a la violencia se
define como una experiencia indirecta de violencia (por ejemplo, escuchar
hablar de la violencia), ser víctima directa de un acto violento, o presenciar
violencia que involucra a otros.
Resultados
de las investigaciones
¿Cuál
es el impacto de la exposición sobre el desarrollo infantil? Un mensaje claro
es que “La violencia engendra violencia”– Los niños sometidos a la violencia
tienen más probabilidad de quedar atrapados en un ciclo de violencia que
conduce a futuros comportamientos violentos, incluyendo la agresión, la
delincuencia, crímenes violentos y abuso infantil. Esto
es válido para todo tipo de exposición a la violencia infantil incluyendo, pero
sin limitarse a, la violencia comunitaria.
Además,
se ha considerado que la exposición a la violencia contribuye a problemas de
salud mental durante la niñez y la adolescencia. Los trastornos psiquiátricos
incluyendo la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (PTSD)
se encuentran con más frecuencia entre jóvenes expuestos a la violencia
comunitaria.5
Muchos
niños tienen más de un síntoma o trastorno. Por ejemplo, en una encuesta
nacional sobre la exposición de los adolescentes a la violencia, casi la mitad
de los muchachos diagnosticados con PTSD mostraron un diagnóstico de depresión
comórbida, y casi una tercera parte tenía trastornos comórbidos por usos de
estupefacientes. Entre las muchachas diagnosticadas con PTSD, más de dos
tercios tenían también un diagnóstico de depresión comórbida y un cuarto sufría
de trastornos comórbidos por usos de drogas.
La exposición a la
violencia tiene influencias sobre el desarrollo en muchos campos y en
diferentes etapas. Puede tener impacto sobre el desarrollo neurológico, físico,
emocional y social de los niños, y frecuentemente conducen a una avalancha de
problemas que interfieren con la adaptación.
Las dificultades que forman
estas relaciones vinculantes pueden interferir con el desarrollo de un sentido
básico de confianza y pueden comprometer futuras relaciones en la edad adulta.
La
supervivencia humana depende de la activación de la respuesta de “la reacción
de luchar o fugarse” ante amenazas potenciales. Aun para muchos niños, la
exposición elevada a la violencia comunitaria crea un estado constante de
miedo, que activa el aparato de respuesta al estrés en el sistema nervioso
central.
La
relación entre la exposición a la violencia comunitaria, el desarrollo
cognitivo social, y el comportamiento se ilustra mejor en el examen de los
mecanismos involucrados en el ciclo de la violencia. Mientras los niños crecen
y desarrollan una comprensión cognitiva más sofisticada del mundo social, el
plano del desarrollo neurológico vinculado a la exposición temprana a la
violencia puede traducirse fácilmente en una visión distorsionada del mundo.
Para algunos niños (en particular niños), puede conducir a la hipervigilancia
ante las amenazas, la atribución errónea de intención o voluntad para aprobar
la violencia.
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